Mito que explica la fundación de Tebas

Fuente: Portal Clásico

Ruinas de Tebas, Grecia.

La actual ciudad de Θήβα, antigua Θῆβαι, es una modesta ciudad griega, cuyas excavaciones arqueológicas han desvelado los restos del palacio micénico más antiguo conocido hasta ahora: ni más ni menos que del siglo XV a.C.. Su fundación es, según la mitología, responsabilidad directa del fenicio Cadmo quien, además de levantar la ciudad, habría traído el alfabeto fenicio de su lugar de origen. Cadmo era hijo de Agénor, nieto de Poseidón, y hermano de Fénix, Cílix y Europa. Cuando el enamoramiento del lascivo Zeus hizo que, convertido en toro, raptara a la inocente Europa, Agénor, rey en la zona sur de la región que conocemos como Fenicia, mandó a sus hijos y a la madre de éstos en busca de su querida hija, advirtiéndoles de que su fracaso implicaría el destierro.

La comitiva partió hacia el norte y, a medida que sus miembros iban viendo truncadas sus esperanzas, iban abandonando y, el grupo, menguando. De esta manera, Fénix fundó, en primer lugar, Fenicia y Cílix abandonó en el lugar en el que se construiría Cilicia. Pero Cadmo resistía, puesto que tenía la intención de consultar al oráculo de Delfos. Una vez que llegó a la ciudad y pudo consultar al oráculo sobre su porvenir, éste le sugirió que buscara una vaca en cuya cabeza viera la señal de la luna, que la siguiera y que residiera por siempre en el lugar en el que ésta se posara, puesto que ése sería su nuevo hogar.

Ante estas misteriosas palabras, Cadmo siguió su camino con resignación, hasta que avistó al animal que coincidía con la descripción dada, de modo que siguió a la bestia hasta que ésta se posó. En ese lugar fue fundada Cadmea, primer nombre de la ciudad que más tarde sería llamada Tebas.

Tiempo más tarde nacería Layo, descendiente de Cadmo, y de éste Edipo. Edipo de Tebas fue abandonado por su padre por miedo a la resolución del oráculo de Apolo, el mismo que consultara varias generaciones antes también su bisabuelo Cadmo. El oráculo le había prometido parricidio e incesto para el hijo que engendrara. El resultado es bien conocido. Tras la realización del oráculo, Edipo se arrancaría los ojos y perpetuaría la maldición que sobre su estirpe cayera en el pasado.